Relato de Julia Otxoa perteneciente a su libro
Kískili-Káskala
Vosa, Madrid 1994

Agradecimiento

Hortensia Salazar recogió de la tintorería el abrigo rojo que días atrás había dejado para limpiar.  El abrigo traía en su bolsillo izquierdo una pequeña carta dirigida a ella.  Se le invitaba a acudir a una misteriosa cita en la playa, el martes doce a las tres de la tarde.
La dama, picada por la curiosidad, acudió a la cita y esperó por espacio de tres largas horas.  Cuando cansada e indignada se disponía a marcharse, un niño le entregó otra carta de color verde.  En ella, el misterioso personaje, que firmaba con las iniciales A.Z. se excusaba por no haberse presentado y le volvía a convocar para dentro de siete días en los jardines de la catedral.
Hortensia Salazar guardó fidelidad ininterrumpida durante más de veinte años a los sucesivos requerimientos, a pesar de que a ellos jamás acudió nadie.
Gracias a la diversidad geográfica de las citas, la paciente dama llegó a conocer perfectamente todos los rincones de su ciudad.  Y cuando murió, siendo ya muy anciana, lo hizo quedando profundamente agradecida a aquel desconocido, que durante tantos años había llenado su vida, manteniendo viva en ella la llama de la pasión por lo ignoto e inasequible.

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